Rubén Peña, el músico que le pone sazón desde su azotea a las tardes sabatinas de San Andrés en Caracas

Venezuelan musician Ruben Pena (L) speaks next to his neighbor Lino Borges during his live show from the rooftop of his house at San Andres shantytown in Caracas, on July 18, 2020 during the COVID-19 coronavirus pandemic. (Photo by Federico PARRA / AFP)

Cada sábado, para romper la monotonía del confinamiento por el COVID-19, Rubén sube a la azotea de su casa en una barriada popular caraqueña, toma un micrófono y empieza el show: canta, pone música, recibe llamadas telefónicas, promociona negocios caseros y unas cuantas cosas más. Comienza su presentación con el “¡Hola, mi gente!”, saludando a sus vecinos.

Rubén Peña, es un músico de 45 años que nació y aún vive en San Andrés, parroquia de El Valle, una zona de Caracas duramente castigada por el covid-19. Desde los edificios de apartamentos y también en pobres viviendas de bloques y zinc construidas en las montañas que rodean la zona, la gente aplaude entre risas y buenos comentarios.

Venezuelan musician Ruben Pena speaks during his live show from the rooftop of his house at San Andres shantytown in Caracas, on July 18, 2020 during the COVID-19 coronavirus pandemic. (Photo by Federico PARRA / AFP)

El extrovertido músico vestido con una camisa blanca decorada con notas musicales en el cuello y los puños, da inicio a  ‘Tu voz y la mía’, el espectáculo que asemeja un programa de radio en vivo. Tres potentes parlantes sobre la azotea de su casa canalizan su programa, a la que se llega por una estrecha escalinata, zona que da una increíble acústica a su show. La pandemia mantiene en Caracas a bares y discotecas cerrados por esto, los músicos como Peña se han quedado momentáneamente sin sitios para sus presentaciones.

“Me desesperaba porque no podía hacer lo que me gusta hacer, que es el canto”, relata Rubén y añade “una noche yo soñé que sacaba mis cornetas (parlantes) y me ponía a cantarle a la gente (…) Al día siguiente conversé con mi esposa (…) y le dije: voy a hacerlo como prueba y si a la gente le atrae la idea, veremos”.

Con una sonrisa en su cara celebra que “ha sido algo maravilloso”. Unos vecinos desvían rayos de sol con espejos desde sus ventanas y otros despliegan banderas de Venezuela, pancartas o coloridos trapos. Al anochecer, luces van y vienen a manera de despedida de espectacular show.

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