Los cinco «venenos blancos» que debemos evitar en la alimentación y sus alternativas saludables

Los cinco venenos blancos de la alimentación, han sido catalogados de esta forma porque aunque su sabor puede ser parte de nuestros favoritos, si se consumen en exceso daña nuestro organismo y desencadena varias enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la obesidad, las que más vidas cobran hoy en día.

En una dieta sana lo ideal es alimentarnos de frutas, verduras, alimentos no procesados y evitar los excesos, pero los venenos blancos están tan presentes en nuestro entorno que les consumimos sin problema en grandes cantidades y no es hasta que pasa el tiempo cuando entendemos sus consecuencias.

LOS CINCO VENENOS BLANCOS DE LA NUTRICIÓN Y SUS ALTERNATIVAS 

Bueno, llegamos al meollo del asunto, conozcamos los cinco venenos blancos de la nutrición. Recordemos que si los consumimos en pocas cantidades y con poca frecuencia no habrá riesgo, pero un especialista en nutrición determinará nuestras mejores opciones.

La leche de origen animal

Conocida como la famosa “leche de vaca”, el consumirla con frecuencia nos puede ayudar a desarrollar cáncer, obesidad, osteoporosis, alergias y problemas digestivos, de hecho la intolerancia a la lactosa es un estado natural, esa debería ser nuestra normalidad y es la forma donde el cuerpo nos dice que no le necesita. Una mejor opción es optar por la leche de almendra, su sabor es parecido y tiene muchos mas beneficios.

La harina refinada o blanca

Esta presente en postres, panes, pastas, pizzas y más y se obtiene moliendo granos de cereal, en este caso, solo la la parte del endospemo del trigo que contiene almidones (carbohidratos) y proteína, pierden toda la parte beneficiosa. Además, las harinas blancas refinadas, pasan por procesos para blanquearlas y en ello se usan sustancias nocivas. La alternativa es usar harinas menos refinadas integrales, y si es posible hechas en casa, tales como la avena, ponemos una buena cantidad en el procesador y ¡tara!, una harina saludable.

La manteca

En varios lugares se utiliza para cocinar y aunque algunos insisten en que da mejor sabor a las preparaciones, la realidad es que aporta altas cantidades de calorías, al provenir de animales, también tiene muchas grasas saturadas y favorece la aparición de enfermedades como el sobrepeso y enfermedades cardiovasculares. Usar aceite de oliva es la mejor opción para la manteca, su delicado sabor y sus beneficios sin comparación, lo hacen el sustituto ideal, eso sí tenemos que buscar uno «extra virgen».

La sal (sal yodatada)

Consumir sal en exceso nos acelera la tensión arterial, favoreciendo la aparición de infartos, derrames e insuficiencia cardiaca. Lo ideal es reducir nuestro consumo de sal y no tenerla en la mesa para evitar la tentación. La sal también nos hace padecer de retención de líquidos e hincharnos. Usar otros condimentos como el ajo o el orégano le darán un sabor sin igual a nuestras preparaciones, de esta forma usaremos menos sal.

El azúcar

Dejamos el azúcar para el final porque es de las que más presencia tienen y peores consecuencias acarrea en nuestros alimentos y bebidas del día a día.  Compuesta por fructosa y glucosa, aunque nos aporta energía, el consumirle en exceso nos lleva a tener un exceso de calorías que nuestro cuerpo no consume. No somos tan activos como generaciones anteriores, por lo que no necesitamos tanta azúcar.

Hay diversos edulcorantes y endulzantes sin calorías en el mercado, pero como siempre lo natural es mejor. Hervir agua con stevia por una hora o hasta crear un jarabe con la preparación es el mejor endulzante saludable que hay, solo tenemos que acostumbrarnos al sabor.

Comer sanamente no es caro cuando entiendes que es una inversión en tu calidad de vida, pues no tiene caso comer ahora y no gastar mucho si más adelante ese dinero que supuestamente ahorraste se invertirá en la compra de medicinas.

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